Si el crecimiento espectacular de Podemos refleja la magnitud de la ira ciudadana, ¿se imaginan esa ira ciudadana sin Podemos?, ¿se la imaginan descontrolada y suelta?, ¿se la imaginan en las calles? Los que ningunean a Podemos deberían valorar su contribución al encauzamiento de esa indignación en los márgenes de la democracia“.

Es la misma teoría que se lanzó desde la prensa derechista con relación a IU y al PCE y su papel en la transición y años posteriores. El editorial de ABC del día 17 de marzo de 2004 señalaba con clarividencia lo siguiente:  “El paisaje democrático español ofrece históricamente un espacio claro a la izquierda del PSOE, donde debe asentarse una formación que refuerce la centralidad política de la socialdemocracia y al tiempo sirva de dique de contención par las tentaciones antisistema. IU ha ejercido, desde su refundación a partir del viejo PCE, como factor de estabilidad que ha cargado a sus espaldas con los distintos impulsos de izquierda alternativa que se han ido configurando tras la crisis del marxismo tradicional, evitando que se produzcan tentaciones escapistas y rupturistas al margen de los cauces de la democracia”. Ahora de nuevo, 10 años después de ese editorial, en las esferas del poder cada uno hace sus cuentas ante el auge de Podemos. Mientras tanto, la izquierda revolucionaria madrileña se divide entre los que están apuntando a que Podemos puede ser, efectivamente, una “salida digna” del sistema para que de fondo nada cambie y todo siga atado y bien atado. Y por otro lado están los que ven este proceso con simpatía o bien simplemente como una oportunidad ineludible de acumulación de fuerzas pase lo que pase.

En cualquiera de los casos si algo está claro es que la ira ciudadana sin más no es suficiente para el cambio de sistema. La ira ciudadana organizada es otra cosa. No hay revolución sin organización. Por eso es importante que, más allá de quien tenga razón, la izquierda revolucionaria siga creciendo e impulsando la lucha y los procesos de organización popular. En definitiva, ocupando el lugar que le corresponde en esta coyuntura histórica.

 

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