Escrito por Canarias   Semanal
Miércoles, 11 de Septiembre   de 2013
Nueva imagen (3)La   difusión del libro de texto tiene, pues, para la Iglesia dos vertientes bien   definidas. Ideológico y económico.

Aunque la Constitución de 1978 dice garantizar el derecho de los   niños y jóvenes españoles al estudio y determina, asimismo, que la Enseñanza   básica será necesariamente obligatoria y gratuita, casi dos cuartas partes de   las familias españolas no podrán asumir este principio de curso la inversión   que supone el retorno de sus hijos a las aulas.

En medio de la vorágine de una crisis económica que no tiene   precedentes en este país en los últimos 100 años de su historia, las familias   se ven ante la imposibilidad de afrontar los astronómicos gastos que supone   este fatídico mes de septiembre con la compra de los libros de texto.

¿A qué razones obedece el insufrible dispendio por el que deben   pasar cada principio de curso las familias del Estado español para comprar   los libros de texto de sus hijos? ¿Por qué en España no se sigue ni de lejos   el modelo de otras escuelas públicas europeas en las que son los Centros   educativos los que se encargan de garantizar el traspaso de los libros de una   promoción de alumnos a otra? ¿Qué es lo que se esconde tras este sistema   irracional que condena a las familias perennemente al consumo inacabable de   libros de texto a lo largo de toda una generación? Las respuestas a estas   preguntas hay que encontrarlas, sin duda, en cómo se articuló la fundación y   establecimiento de las primeras grandes editoriales de los libros de texto   durante la dictadura franquista.

Durante ese largo periodo, dichas editoriales terminaron   convirtiéndose en poderosos emporios económicos que dieron lugar a enormes   fortunas. El desarrollo de esos colosos empresariales se inició con el   concierto cómplice entre las empresas editoriales -la mayoría de ellas   perteneciente a Congregaciones religiosas católicas-, y las autoridades   ministeriales, dando lugar al poderosísimo negocio editorial del libro de   texto que hoy conocemos.

Sin embargo, no fue solo la Iglesia Católica   en sus diversas variantes económicas la usufructuaria de los beneficios   proporcionados por el negocio del libro de texto. La Editorial Santillana,   propiedad del magnate ex falangista Jesús Polanco, fue el pilar preliminar   sobre el que se sostendría la actual empresa de la comunicación española, el   poderoso Grupo PRISA. Los centenares de millones de pesetas acumulados a   través de la venta de libros de texto permitieron a la familia Polanco   y sus adjuntos la constitución del mayor grupo de comunicación que ha   conocido la España contemporánea. Partiendo de la constatación de este hecho   es posible entender la importancia de la mercantilización de los libros que   se ven obligados a utilizar nuestras más jóvenes generaciones.

Los curas se hicieron con las   editoriales de los libros de texto

Pero las compañías religiosas católicas no se quedaron a la saga   del desaparecido Jesús de Polanco. Y es que el negocio del libro de texto   tenía para la Iglesia no solo valores crematísticos, sino también   “espirituales”. Al insertarse en el entramado editorial, la Iglesia   mataba dos pájaros de un tiro: mantenía por una parte el control ideológico   de su mensaje sobre la escuela y, a su vez, establecía una lucrativa   inversión mercantil. Se trataba de una hábil y rentable combinación en la que   la Iglesia Católica   tiene una experiencia milenaria.

Tal fue el caso, por ejemplo, del Grupo Editorial SM -Santa   María- perteneciente a los Hermanos Marianistas, que hoy extiende sus   tentáculos en más de nueve países de habla castellana.

O el de la    Editorial EDEBÉ, promocionada por los reverendísimos Padres   Salesianos, con filiales en los países latinoamericanos con mayor influencia   de la enseñanza privada, como Chile, México, Argentina…

Algo similar le sucedió a la editorial Bruño,   constituida por los Hermanos de La Salle, de procedencia francesa, que   terminaría siendo vendida por los hijos del venerable San Juan Bautista de La   Salle al grupo galo Hachette Livre, contando naturalmente con la garantía de   la continuidad de sus propietarios originales en la participación en el   negocio.

Tampoco los Hermanos Maristas quedaron desenganchados del   apetitoso entramado del libro de texto. A través de la empresa de su   propiedad Editorial Luís Vives se comprometieron a difundir lo que ellos   denominan el “humanismo cristiano”, aunque la difusión de ese   mensaje religioso les reporte, asimismo, notables rentas anuales.

La difusión del libro de texto tiene, pues, para la Iglesia dos   vertientes bien definidas. Una les permite continuar ejerciendo el control   ideológico de los educandos. La otra -menos mística- les facilita la   extracción de pingues beneficios en el área de la Educación.

Bueno es tener en cuenta ambos vértices a la hora de luchar   contra este espectacular expolio que cada curso sufren las familias de las   diferentes nacionalidades del Estado español.

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Fuente: canarias-semanal.org

 

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