Acto “Frente a la crisis, unidad de clase”.

Madrid, 18 de mayo de 2013.P1160506

Millones de personas en nuestro país están indignadas, pero también están asustadas y desorientadas. Millones de hombres y mujeres se hacen hoy muchas preguntas: ¿cómo es posible que nos encontremos en esta situación? ¿Cómo hemos llegado a este estado de desastre social? Y también se preguntan: ¿hay solución? ¿Existe una  salida?

Y la izquierda real de este país debe dar respuestas y soluciones. Porque tenemos ambas. Tenemos las respuestas y las soluciones.

La catástrofe social es producto de una política económica que no tiene como objetivo sacarnos de la crisis, sino implantar un nuevo modelo económicoP1160514, social y de relaciones laborales. Esta política económica, que solo puede ser calificada de criminal, se ensayó en el Reino Unido durante el mandato de Margaret Thatcher; en Estados Unidos baja la presidencia de Ronald Reagan y durante la dictadura de Pinochet en Chile. Es el modelo económico neoliberal de la Escuela de Chicago que tiene como objetivo destruir el denominado “Estado del bienestar”, privatizar los servicios públicos y destruir las organizaciones sindicales. Y el resultado ya lo estamos padeciendo: 6.200.000 parados; más del 50% de desempleo juvenil; 20% de pobreza infantil; situaciones de hambre física; cientos de miles de desahuciados; suicidios por motivos económicos…P1160493

Hay ciudadanos que piensan que esta situación es pasajera, que tras estos años de dificultades volveremos a la situación anterior. Se equivocan y es necesario decírselo. Nada volverá a ser como antes. Los hospitales privatizados no volverán a ser públicos; ni el precio de las matrículas universitarias bajará, ni se suprimirá la reforma laboral. Porque estas medidas no son transitorias ni coyunturales. Están diseñadas para establecer unas nuevas reglas de juego entre el capital y el trabajo, para abolir todas las conquistas sociales del movimiento obrero.

Ante esta situación de desastre social, encontramos un proyecto político que propone la “regeneración democrática” y afirma que la Constitución está secuestrada.  La solución sería, por tanto, liberar la Constitución, revitalizarla, desarrollar su potencialidad democrática. A todos los que proponen esta alternativa sin romper con el régimen monárquico, organizando frentes cívicos,  hay que decirles con toda claridad y contundencia que un cuerpo sano, cuando enferma,  puede ser regenerado, puede curarse, pero que un órgano gangrenado debe ser amputado. Esta monarquía y esta Constitución son el resultado de esa Transición organizada por la clase política franquista, hunden sus raíces en el fascismo, llevan la huella genética fascista en su seno. No puede democratizarse lo que en su origen no es democrático.

Tampoco es una solución renegar de la política y los políticos. La afirmación de que todos los políticos son iguales es equivocada y peligrosa. Los políticos nunca han sido iguales ni lo serán. Determinados políticos sí lo son. La casta política del Partido Popular y del PSOE está unida en la defensa de un régimen corrupto al servicio de la oligarquía financiera. A esos políticos y a ese régimen hay que desplazarlos de la vida pública, pero cuando se criminaliza la política y se juzga a todos por el mismo rasero se está abriendo la puerta al fascismo, se está haciendo el juego a la demagogia fascista que difunde la consigna “ni derechas ni izquierdas”.

La única alternativa posible es la ruptura con el régimen monárquico.  La alternativa republicana, la III República, es la solución. Una República de trabajadores de toda clase y federal, que será la expresión de un nuevo bloque social, que representará los intereses de los sectores populares, frente a esta monarquía que está al servicio de  los intereses del bloque oligárquico.

Esa República llevará a cabo una serie de tareas que son absolutamente imprescindibles en estos momentos.  La III República romperá definitivamente con el franquismo llevando a la práctica esa demanda de  “VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN PARA LAS VÍCTIMAS DE LA DICTADURA FRANQUISTA”.  La República hará realidad la separación entre la Iglesia y el Estado, acometerá una política económica que tendrá como prioridades la reforma fiscal,  los servicios públicos y la creación de un tejido industrial nacional, llevará a cabo una verdadera regeneración democrática, solucionará en el marco federal la cuestión nacional y recuperará la soberanía nacional. Ese conjunto de tareas no pueden contemplarse en la actual monarquía.

Pero esa República  no va a caer del cielo, tenemos que forjarla nosotros, la izquierda de este país. Y  el primer paso es la unidad. Cuando hablamos de unidad no se pide que nadie renuncie a su ideario, ni a sus siglas ni a su historia. La unidad significa aparcar lo que nos divide y sumar lo que nos une, como se hizo en febrero de 1936 cuando se forjó el Frente Popular. Republicanos de izquierda, socialistas y comunistas fueron capaces de agruparse en torno a un programa común frente al peligro del fascismo. Eses es el ejemplo que debemos seguir. Necesitamos urgentemente superar viejas rencillas,  recelos y discrepancias en aras de un objetivo común. Si la izquierda es capaz de unirse y ofrecer una alternativa, se convertirá en un referente político en torno al cual se agruparán  millones de  hombres y mujeres que protestan en la calle, pero carecen de un objetivo político. Entonces se formará ese bloque popular que traerá la República. Existen condiciones objetivas para proclamar la República, pero también son imprescindibles las condiciones subjetivas, y entre ellas está la unidad de la izquierda.

La izquierda tiene una enorme responsabilidad histórica en estos momentos, una responsabilidad ante los trabajadores. Tenemos que ser conscientes de que la oligarquía nos ha declarado la guerra, ha desencadenado una guerra contra su propio pueblo. Ahora no emplean aviación ni artillería como en 1936, pero utilizan el Boletín Oficial del Estado para destruir las bases de nuestra existencia material, privándonos de los servicios públicos y condenando al pueblo español a la miseria y la desesperación.  Si perdemos esta guerra, los resultados serán devastadores para nosotros y para las futuras generaciones.

Ni debemos ni podemos resignarnos. Disponemos en nuestro país de  los suficientes recursos económicos  y humanos para conseguir un futuro en el que tengamos trabajo, educación, sanidad, pensiones y vivienda para todos. Pero ese futuro no es posible alcanzarlo en este régimen, en este modelo político, absolutamente agotado y corroído por la corrupción. En 1937 decía Antonio Machado: En los trances duros, los señoritos –nuestros barinas– invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva.

Esto es lo que sucede ahora. La oligarquía y la derecha política, traiciona y vende  nuestro país. Para impedirlo, necesitamos la ruptura democrática, necesitamos la III República, que nos devolverá la libertad, la justicia social, la dignidad y la soberanía nacional.

¡¡¡ VIVA LA III REPÚBLICA!!!

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