Artículo publicado en Elplural.com

La rebelión de los jóvenes que viven en algunos de los barrios más
marginales del Reino Unido ha sorprendido al establishment político y
mediático de aquel país. Parece que no lo esperaban. Tengo que
admitir que me sorprende que se sorprendieran, pues lo que está
ocurriendo era fácilmente predecible. Está ocurriendo en varios países
de la Unión Europea (UE). El establishment (la red de instituciones
políticas y mediática próximas a los grandes grupos de presión
financieros y económicos) que gobierna cada uno de los países de la
UE ha estado mostrando una enorme complacencia basada en una
gran ignorancia e insensibilidad de las consecuencias negativas que
las políticas neoliberales que han ido desarrollando durante los
últimos treinta años han tenido en las clases populares de sus países
dañando significativamente su bienestar. Dentro de estas clases
populares los sectores más afectados negativamente han sido
jóvenes, y muy en particular los que carecen de cualificación laboral
que les facilitaría su integración en el mercado de trabajo.

Esta situación no ha sido creada por el gobierno Cameron. Las
enormes desigualdades sociales existentes en la Gran Bretaña (las
mayores de la UE) han sido resultado de las políticas llevadas a cabo
por los sucesivos gobiernos que han dirigido el Reino Unido, desde el
de la Sra. Thatcher hasta los de los Sres. Blair y Brown. Ahora bien,
las políticas propuestas y aprobadas por el gobierno David Cameron,
una coalición de un partido conservador con un partido liberal, han
empeorado la situación de una manera muy notable. El gobierno
Cameron ha creado una cultura de darwinismo social en la que el
Estado deja de tener una función protectora y generadora de
bienestar. Tal gobierno ha propuesto y llevado a cabo toda una serie
de políticas que están causando una gran inseguridad social que ha
conllevado una inseguridad civil. Hoy, según las cifras de las oficinas
de empleo de Londres, por cada nuevo puesto de trabajo que aparece
en el mercado laboral en la ciudad de Londres hay como promedio
veinte personas que solicitan ser escogidas para aquel puesto, siendo
este número mucho mayor (50 personas) en los barrios Peckham y
Hackney donde la revuelta juvenil ha alcanzado niveles
auténticamente amenazantes para el establishment de la ciudad.

Estos números reflejan cifras oficiales. Es más que probable que los
números sean incluso mayores. Tal situación laboral caracteriza el
mercado de trabajo en 22 de los 73 distritos parlamentarios que
existen en Londres. Datos semejantes existen en el resto de centros
urbanos del país. En realidad casi el 25% de la población adulta
trabajadora está inactiva en Londres y en las mayores ciudades del
Reino Unido.

Los responsables de los hechos

Los responsables de esta situación son los distintos gobiernos que
han desarrollado desde la época Thatcher las políticas neoliberales,
incluyendo los gobiernos neolaboristas que no solo no consiguieron
sino que incluso aumentaron la polarización social en el Reino Unido
donde una parte importante de la juventud se encuentra sin
presente, y lo que es incluso peor, sin futuro. La aceptación por parte
de los gobiernos del New Labour de muchas de las políticas
neoliberales de los gobiernos conservadores anteriores, con su
abandono de las políticas redistributivas que habían caracterizado al
laborismo británico, contribuyeron a la polarización de la estructura
social.

Ahora bien, el gobierno Cameron tiene responsabilidad directa por
haber exacerbado esta situación, al haber acentuado tanto el número
como la intensidad de las medidas neoliberales iniciadas por la Sra.
Tatcher y el Sr. Major y mantenidas por el nuevo laborismo de los
Sres. Blair y Brown. El gobierno David Cameron ha recortado
sustancialmente los servicios del Estado del Bienestar, incluido los
servicios de formación profesional, política que no estaba en su
programa electoral, y que en cambio implementó a los pocos días de
salir elegido, lo cual fue motivo de una protesta del Arzobispo de
Canterbury, el sr. Rowan Williams, jefe de la Iglesia Anglicana (ver mi
artículo El arzobispo de Canterbury de Gran Bretaña y el presidente
Mas de la Generalitat de Catalunya, El Plural, 27/06/11) el cual indicó
que “estas políticas que Cameron impone, y que no estaban
anunciadas en su programa electoral, deslegitiman su gobierno y
rompe con la cohesión social”. Dos meses después de haber hecho
estas declaraciones hemos visto las consecuencias de esta ruptura de
la cohesión social. En realidad, los recortes del gobierno Cameron
muestran la falsedad del slogan promocionado en su campaña, de
desear crear–lo que él llamaba- la Big Society una sociedad que
abarcara a toda la población y a toda la ciudadanía, basada en el
voluntarismo, disminuyendo la función social del Estado. Una semana
después de salir elegido, el gobierno recortó espectacularmente la
financiación para los programas de formación y servicios a los
jóvenes de los barrios donde se están ahora manifestando tales
jóvenes. En Tottenham, uno de los barrios que ha visto mayores
protestas, el gobierno Cameron ha cortado el 75% de los programas
de ayuda a la juventud. En realidad muchos de estos programas,
proveídos por los ayuntamientos pero financiados por el Estado
central, han sido eliminados.

Por otra parte, la opulencia de las clases más pudiente se está
incrementando de una manera muy acentuada y vistosa. La
remuneración de los consejeros delegados de las cien empresas más
grandes cotizadas en la Bolsa de Londres se incrementaron el 32% en
el año 2010. Y la City, el centro bancario de la Gran Bretaña, declaró
los beneficios financieros más elevados de los últimos años. Es más,
la relación entre poder financiero y empresarial y el mundo político y
mediático apareció con toda claridad en el escándalo del grupo
mediático de Murdoch, señalando el grado de corrupción existente en
el establishment político y mediático de aquel país, en el que el
gobierno Cameron estaba claramente involucrado. Este es el contexto
político en el que estos hechos han estado ocurriendo, marcado por
una polarización social en la que el 10% más rico de aquel país tiene
273 veces más riqueza que el 10% de la población más pobre.

El impacto de esta polarización social y de estas políticas públicas que
la acentúan era previsible, y así lo dijo Sir Paul Ennals, Director de los
Servicios a Niños y Adolescentes (National Childrens Bureau) que
hace meses predijo “que la mezcla de desempleo y eliminación de
programas que ayuden a los jóvenes a integrarse al mercado de
trabajo es una situación explosiva que no tardará en estallar”. Y el día
2 de agosto, unos días antes que se iniciaran las revueltas, el
profesor John Pitts, famoso analista de problemas urbanos, había
hecho unas declaraciones anunciando que las políticas del gobierno
David Cameron estaban conduciendo a un verano muy caliente, con
gran agitación social. Algo se respiraba que iba a ocurrir y ocurrió. Es
un indicador, como bien ha indicado Nafeez Mosaddeq Ahmed director
del Institute for Policy Research and Development, del enorme
fracaso de las políticas neoliberales que están destruyendo la escasa
cohesión social existente en el Reino Unido (ver su artículo “Burning
Britain: The Economic Driving Riot Fever”, Counterpunch, 10/08/11).

El clasismo es un factor explicativo más importante que el
racismo

Los comentarios más frecuentes que han aparecido en los medios
españoles han presentado estas revueltas como la protesta de la
población de origen inmigrante frente a una sociedad que no les
acoge acentuando el aspecto racial como el determinante y definitorio
de la rebelión. Esta interpretación es insuficiente pues ignora que,
aun cuando no hubieran inmigrantes, estos barrios y comunidades
estarían igualmente abandonadas y desprotegidos. Su existencia es
parte de la sociedad capitalista salvaje que el neoliberalismo, con sus
elevadas dosis de darwinismo social, promueve. El hecho de que gran
parte de los que viven en estos barrios sean inmigrantes o hijos de
inmigrantes se debe al racismo existente en la sociedad, pero la
existencia de los barrios en si no es consecuencia del racismo. Quién
vive en tales barrios está determinado por el racismo. La existencia
de tales barrios, sin embargo, no se debe al racismo. Existirían,
aunque no hubieran inmigrantes. Es importante entender esta
distinción pues es erróneo y lleva a no comprender las causas del
problema, olvidando la existencia de una enorme polarización social
en el Reino Unido. Los enormes y desorbitantes festejos de las bodas
reales que vimos hace solo unos meses en el Reino Unido contrasta
con la pobreza y deterioro de tales barrios populares. La población
que vive en estos barrios es consciente y protesta por tal
polarización. No es casualidad que la rebelión que ocurrió en Brixton
y Toxteth en 1981, también coincidió con las exuberantes ceremonias
de un casamiento real, que tomaban lugar a la vez que se
implementaban programas de austeridad y existía un elevado
desempleo en aquellos barrios. La ostentación de riqueza frente a la
pobreza y desprotección social es una provocación y tiene sus costes,
y así lo vimos entonces y lo vemos ahora. Esta polarización, por clase
social, es el origen del descontento y alienación de la población hacia
un sistema político que reproduce tales enormes desigualdades.

La continua concentración de la atención en temas raciales (muchas
veces estimulada por el establishment que intenta dividir a las clases
populares, presentando los problemas sociales como meramente
interraciales) oculta la enorme importancia que la categoría clase
social tiene para entender tales realidades. En realidad, en las
manifestaciones y rebeliones que hemos visto, existen jóvenes del
amplio arcoíris que constituyen las clases populares del Reino Unido,
un Reino que está casa vez más dividido por clase social. Es
interesante subrayar que existe una diferencia clara en la
interpretación de los hechos dada por el establishment y por la
población en general. Así, mientras el establishment ha
responsabilizado a las familias de los detenidos por haber fallado en
sus responsabilidades educativas (y sobre todo, de no haberles
enseñado disciplina), las encuestas indican que la mayoría de la
población señala que el desempleo, los recortes sociales, y el clima
de desprestigio del establishment inglés (que incluye al laborismo del
New Labour) como las causas más importantes de que se
desencadenaran tales protestas. Por cierto, solo un número muy
reducido de encuestados (un 3%) señaló la inmigración y los
problemas raciales como variables explicativas de lo ocurrido.

La respuesta del establishment

Tales revueltas (definidas como riots en inglés) se presentan en
muchos medios como actos vandálicos y criminales. Así lo ha definido
el gobierno Cameron y así hacen la mayoría de medios conservadores
tanto en el Reino Unido como en España. No hay duda de que hay
componentes de ello en estas manifestaciones, las cuales no son
revueltas organizadas por grupos políticos con un objetivo político. Y
abundan elementos de situación caótica que en ocasiones dañan
incluso la infraestructura de los servicios existentes en tales
comunidades, empobreciéndolas. Pero sería un enorme error que
tales manifestaciones se percibieran como meras expresiones de
criminalidad, tal como David Cameron las cataloga, intentando
criminalizarlas. En realidad la criminalidad se debe precisamente a las
políticas represivas que eliminaron en éstos y muchos barrios formas
organizativas de izquierda que habían intentado mantener culturas de
solidaridad, eliminación que dejó espacio para el crecimiento de
comportamientos anticiviles, nihilistas e incluso criminales. El
debilitamiento de las izquierdas, resultado en parte, de la represión, y
en parte de su moderación y adaptación al establishment británico,
dejó todo un espacio que lo llenaron grupos (los famosos gangs) que,
aun siendo minoritarios en tales revueltas existen y que,
predeciblemente ocupan toda la atención mediática. Esta
responsabilidad de las revueltas, atribuyéndolas a elementos
criminales es poco creíble pues ignora el calendario en que tales
revueltas de presentan. ¿Por qué ahora y no antes? Esta respuesta
que están dando las fuerzas conservadoras aparece como mera
justificación para promover la solución policial a un problema que es
mucho más complejo que el de la criminalidad. Es más, y tal como
señala Peter Osborne del Daily Telegraph (paradójicamente uno de
los diarios más conservadores del Reino Unido) la acusación de
criminalidad por parte del gobierno, además de ser insuficiente, no
tiene la autoridad moral que debería tener como consecuencia de los
hecho, no solo inmorales, sino criminales que el establishment
británico ha sido partícipe y/o ha tolerado en los últimos años. La
impunidad de los banqueros, en sus prácticas especulativas, la
explosión de la burbuja inmobiliaria, los bonos a los responsables de
la crisis financiera, el maridaje entre los medios y el poder político y
toda una serie de hechos han contribuido a crear un clima de
inmoralidad en que todo está permitido y todo queda inmune. La
centralidad mediática en la criminalidad de unos y su silencio frente a
la criminalidad de otros hace perder la credibilidad de aquellos que
han silenciado la criminalidad en sus propios círculos.

La diferencia entre el 15-M y las revueltas del Reino Unido

Una última observación. La derecha española ha intentado identificar
el movimiento 15-M con las revueltas callejeras de los barrios
londinenses y de otras regiones urbanas, mostrándolo como un
elemento violento, agresivo e incluso criminal. Ambos movimientos
comparten una actitud de protesta hacia la agresividad intrínseca en
las políticas neoliberales. Ahora bien, la manera de expresarse, su
comportamiento y modus operandi no pueden ser más diferente. El
movimiento 15-M ha presentado múltiples indicadores de su
naturaleza no violenta, dentro una cultura de solidaridad democrática
que refleja valores predominantemente de izquierdas, que ha
merecido que se haya convertido en un referente internacional. Sus
propuestas de cambio son concretas y gozan de gran apoyo popular.
Ninguna de estas características se presentan en el movimiento de
protesta británico.

Si tal movimiento 15-M no consiguiera, sin embargo, mejorar el
sistema democrático y cambiar sustancialmente la sociedad española,
y encontrara una represión masiva, podría en un par de generaciones
dar pie a este otro tipo de movilizaciones que llevarían a derroteros
desconocidos. Parecería que la derecha desearía que se siguiera este
derrotero a fin de justificar su actitud represiva que siempre les ha
caracterizado. En realidad, toda la historia de las derechas ha sido
siempre la necesidad de crear movimientos violentos para poder
justificar su represión. Esto es lo que está ocurriendo hoy en la Gran
Bretaña. La limitaciones de los cauces democráticos lleva siempre a este fin.

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