Gran Wyoming

Público 4 de Junio de 2011

A raíz del polémico diccionario encargado por el Gobierno de Aznar a la Academia de la Historia, cuyo coste hemos sufragado también los que no creemos que el fascismo fue una etapa de extraordinaria placidez, viene a demostrarse, una vez más, que la tan cacareada modélica Transición española a la democracia no lo fue tanto porque muchas instituciones siguen defendiendo la dictadura. Dictadura consecuente a un criminal golpe de Estado, y que la susodicha Academia de la Historia, a través de colaboradores, lo relata como “fallido”, convirtiendo la Guerra Civil en un suceso espontáneo producto del caos, en lugar de una heroica resistencia del pueblo español que, por defender el régimen democrático y la libertad, no dudó en empuñar las armas y echarse a la calle contra aquellos militares traidores que, con el fin de sembrar el terror y buscar la rendición, cometieron crímenes masivos regando las calles de las ciudades españolas con la sangre de inocentes.
No faltan insignes catedráticos, como Andrés Amorós, que se indignan porque les parece poco serio que los políticos opinen sobre textos escritos por expertos. Yo protesto porque esta obra, sufragada con fondos públicos, se puso en manos de apologistas de la dictadura. No todos “los expertos” son neofascistas. En Alemania sería impensable que el Gobierno encargara escribir una historia sobre la Segunda Guerra Mundial a “expertos” simpatizantes del nazismo y el holocausto.
Con los años, señor Amorós, algunos nos hemos hecho “expertos” en evitar que los enemigos de la libertad nos den clases de historia.

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