Este año en que se cumple el 80 aniversario de la proclamación de la II República Española en 1931, constatamos que las instituciones del Estado se separan cada vez más de las necesidades e intereses generales de la mayoría de la sociedad.

Una minoría de grandes empresarios y financieros, cuya irresponsable y antisocial actuación ha sentado las bases de la actual crisis económica continúan imponiendo sus intereses, eludiendo todo control social y democrático con las consecuencias verdaderamente trágicas en términos de paro y deterioro de las condiciones de vida de millones de personas. Los planes de ajuste llevados a cabo hasta el momento, y los que ya se aventuran, afectan profundamente a los derechos laborales y a las conquistas sociales; amenazan servicios públicos tan esenciales como la educación y la sanidad y van camino de convertir las más elementales normas democráticas en un adorno sin sentido. Estos grandes centro de poder son los interlocutores privilegiados del Gobierno y del Jefe del Estado, dictando sus recetas que no son sino las de aumentar su rapiña con políticas cada vez más liberales y antisociales que son aplicadas con la actitud complaciente del Gobierno de turno, contando con los medios de comunicación que controlan, hundiendo la economía y las condiciones de vida de la mayoría en un pozo de recesión que parece no acabar.

El desencanto y la frustración se extienden. Las fuerzas de progreso necesitan afrontar esta situación con propuestas claras, valientes y decididas, que pongan coto a esta situación de desmantelamiento de las conquistas sociales y de limitación de las reglas democráticas. Es necesario establecer un nuevo marco institucional donde se contemplen espacios reales de democracia, participación y desarrollo de los derechos sociales y políticos. Este marco tiene un nombre: REPUBLICA, y se cometería un error si se pensara que ahora “no toca” hablar de ello porque lo prioritario es la crisis, olvidando que la salida a la crisis en beneficio de la mayoría no es posible con el modelo actual sino en uno diferente y republicano que supere su agotamiento.
Porque República significa más democracia, progreso, participación de ciudadanos soberanos en las decisiones políticas que les conciernen, respeto de los derechos reconocidos en las leyes, sujeción de las directrices económicas al interés colectivo, respeto y fomento de lo público, una política exterior de paz no supeditada a los intereses de las grandes potencias, laicismo, ética de la función pública y lucha frontal contra la corrupción y, junto a ello, la solución de la infame impunidad del franquismo y en favor de sus víctimas y, obviamente, la desaparición de la monarquía, institución anacrónica y antidemocrática impuesta como heredera directa del franquismo. República, en definitiva, es sinónimo de libertad, progreso y democracia.
Las organizaciones firmantes de este Manifiesto que defendemos una República Federal, Laica, Participativa y Solidaria,  tenemos un importante acerbo de trabajo común que queremos ir desarrollando, enlazando con otras fuerzas políticas y movimientos sociales, el movimiento obrero, del mundo de la cultura, el del propio movimiento republicano y de la ciudadanía en general, para articular un Proceso Constituyente y un programa político y de acción que permita avanzar en este objetivo en el cual todos los ciudadanos podamos elegir libremente la opción entre Monarquía y República que nos fue hurtada.
Este año, en el que también se cumple el 75 aniversario del triunfo del Frente Popular de 1936, sigue siendo necesaria la unidad y coherencia de las fuerzas de progreso. Es tiempo de alianzas, de trabajar por el futuro. Se trata de construir unidos la República. A esa tarea nos comprometemos y a ella llamamos a participar a quienes comparten con nosotros esta misma alternativa de democracia y progreso.

¡¡¡  POR LA III REPÚBLICA  !!!

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