Entre la espada y la pared: o están vendidos, o son unos salvajes

Si no convocan huelgas es que están subvencionados por el poder, nos han repetido hasta la saciedad. Si la convocan, ya saben la palabra mágica: salvaje. Es lo que hay. Y quizá lleven razón los que califican así, pero no por lo que ellos piensan.
Algunos sindicatos nos han tenido acostumbrados tanto tiempo a la mansedumbre y al toreo de salón que cuando ejercen sus derechos y se ponen bravos –convocan huelga– a algunos por definición les parece ya salvaje. Lo salvaje y brutal, habría que recordar, es la imposición, el decreto ley y como consecuencia aceptar porque sí cualquier medida que venga desde arriba sin rechistar. Las aguas vuelven a sus cauces; los sindicatos al lugar del que nunca se debieron haber apartado, pues para eso están, para resistir y echar un pulso a los poderosos, sean del PP, del PSOE, de la banca o de la gran patronal. Algunos habían dado por terminada esta guerra y ahora, cuando menos se la esperaban, se la encuentran al salir de casa: no funciona el Metro.


Pues no, no funciona, y es que para que funcione hacen falta personas, y las personas comen, visten, van al médico, educan a sus hijos, pagan hipotecas y se divierten, sí, también se divierten, aunque no sea nada más que tomar unas cañas después de salir de la última asamblea. ¿O es que nuestra democracia no puede soportar una huelga del Metro? Algunos comentarios despiden un tufo tan franquista que para poder soportarlos vamos necesitar una mascarilla. Esta es la auténtica gripe A, ha tardado, pero ahí está.
Pelayo Molinero Gete
Coslada (Madrid)

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